Eau de Paris (EDP) se estableció para poner fin a un servicio municipal de agua fragmentado, opaco y costoso. Partiendo de una firme voluntad política, la ciudad de París ha trabajado para hacer de la gestión del agua una importante cuestión de democracia, garantizando un suministro mejor administrado y más barato, y una estrategia ambiental insuperable.

Antes de 2010, el servicio de agua de París dependía de cuatro entidades: dos compañías privadas, Suez y Veolia; SAGEP, una empresa público-privada que usa infraestructura pública de agua potable, y un laboratorio público a cargo de la salubridad del agua. Esta división diluía las responsabilidades e incrementaba el precio que pagaban los usuarios. Por ese motivo, el Ayuntamiento de París decidió remunicipalizar y reintegrar por completo los servicios de agua cuando vencieran los contratos que estaban en vigor. EDP capta, produce y distribuye 170 millones de metros cúbicos de agua potable por año para tres millones de usuarios.

Antes de 2010, el servicio de agua de París dependía de cuatro entidades: dos compañías privadas, Suez y Veolia; SAGEP, una empresa público-privada que usa infraestructura pública de agua potable, y un laboratorio público a cargo de la salubridad del agua. Esta división diluía las responsabilidades e incrementaba el precio que pagaban los usuarios. Por ese motivo, el Ayuntamiento de París decidió remunicipalizar y reintegrar por completo los servicios de agua cuando vencieran los contratos que estaban en vigor. EDP capta, produce y distribuye 170 millones de metros cúbicos de agua potable por año para tres millones de usuarios.

EDP ha adoptado prácticas de gestión ambiental en todos los espacios naturales que gestiona y apoya a muchos agricultores para que apliquen prácticas agrícolas sostenibles, que son útiles para la calidad del agua.

Fuente pública de agua potable en París

“Lo que nos enseña el caso de EDP es que una empresa pública puede ser pionera en la transición ecológica y la democracia interna para el personal (políticas contra la discriminación y a favor de la igualdad de género), con unos niveles muy altos de transparencia y rendición de cuentas. Este no solo es un caso de remunicipalización, sino un ejemplo de cómo puede funcionar realmente una nueva generación de empresas públicas.”
– Satoko Kishimoto, evaluadora de Ciudades Transformadoras

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