Cuando las obras de ampliación del puerto de Dar es-Salam (Tanzania) trajeron consigo la demolición de los hogares de 36 000 personas, el Programa de Vivienda Comunitaria de Chamazi (Chamazi Community Based Housing Scheme) movilizó a las comunidades desplazadas, los movimientos sociales, el Gobierno, las contrapartes y el sector privado con el objetivo de construir casas nuevas a precios asequibles para la comunidad afectada.

En 2006, el Gobierno de Tanzania demolió 7351 casas en Kurasini para ampliar el puerto de Dar es-Salam, dejando sin hogar a cerca de 36 000 personas. En respuesta a ello, la comunidad lanzó una acción que llegó a recaudar cerca de 24 millones de chelines tanzanos (24 000 USD) procedentes de 300 de sus miembros, con el fin de adquirir 12 hectáreas de tierra para el reasentamiento.

Mujeres formadas por el programa realizando trabajos de construcción

El proyecto también mejoró las infraestructuras de acceso al agua y saneamiento: consiguió perforar un pozo de agua, instalar una bomba impulsada por energía solar y construir una planta de tratamiento de aguas residuales en los humedales que funciona con tecnología de agua reciclable. Uno de los mayores logros del proyecto radica en que ha sido capaz de identificar potenciales fuentes de financiamiento y ponerlas al servicio de las capas de población urbana más pobres, que a menudo carecen de acceso a los fondos de las instituciones oficiales.

Todo ello se logró gracias al lanzamiento del Programa Comunitario de Vivienda de Chamazi, conocido también como “Cooperativas de vivienda de Muungano” (Muungano Housing Cooperatives) y del Fondo de la Población Urbana Pobre de Tanzania (Tanzanian Urban Poor Fund). Esta acción conjunta recaudó préstamos por valor de 100 000 USD, procedentes del movimiento internacional Slum Dwellers International (SDI), y de 40 000 USD de la organización británica Homeless International (Reall). Por su parte, el Consejo Municipal de Temeke contribuyó a financiar las infraestructuras de agua y saneamiento, así como la bomba solar y la perforación del pozo.

Escena de calle

El Centro de Iniciativas Comunitarias (CCI, por sus siglas en inglés) se encargó de formar a la comunidad en aspectos técnicos de construcción, lo que permitió no solo que sus miembros elaboraran sus propios materiales, sino que además participaran activamente en la construcción de sus casas. Otros socios se encargaron de aportar sus conocimientos técnicos y asesoramiento profesional realizando labores de supervisión y de adquisición de tierras, desarrollando planes de construcción y diseñando casas. Hasta la fecha, se han entregado ya 75 casas nuevas.

Rose Liheta, propietaria de una de las viviendas, conversa en la puerta de su casa con un vecino.

“Ante la feroz urbanización en África —y en todo el planeta— y la expansión de los asentamientos informales, la posibilidad de que iniciativas tan relevantes como esta pudieran aplicarse en otros lugares daría pie a un uso más sostenible del suelo y al reconocimiento del derecho a una vivienda digna y decente para todos.”
– Agnes Midi Keita, evaluadora de Ciudades Transformadoras

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