Una comunidad del municipio de Kitale, en Kenia, se ha unido para transformar los residuos en valiosos productos reciclados para vender, una actividad concebida para mejorar los medios de vida, limpiar las viviendas locales y el medioambiente, y mejorar la producción de alimentos y energía.

En Kitale, la falta de energía limpia para cocinar, alumbrarse y calentarse, y la falta de fertilizantes, llevaron a que se creara el grupo comunitario Dajopen Waste Management. El grupo identificó varias formas de mejorar la situación, como la recolección y el reciclaje de residuos, la plantación de árboles en terrenos públicos para aumentar la cubierta forestal y el uso de abono orgánico. Uno de los objetivos principales de la iniciativa también era mejorar las condiciones de vida, y acabar, por ejemplo, con los criaderos de mosquitos, roedores y moscas.

Con el apoyo de la Organización de Investigación Agrícola y Ganadera de Kenia (KALRO), el grupo fue capacitado para recolectar, procesar y limpiar higiénicamente los residuos, y utilizarlos para crear productos como cestas, gorras, tapetes, manteles, cuentas para collares, collares y bolsas. Se formó a un grupo de jóvenes para que fabricaran briquetas de polvo de carbón y de papel, con lo que mejoraron su situación social e ingresos. Se capacitó a un grupo de hombres para reciclar plásticos y convertirlos en postes para cercados, con lo que se limitó la necesidad de postes de madera, se redujo la deforestación, se ayudó a proteger tierras y hogares de acaparadores de tierras, y se puso fin a conflictos sobre los límites de las viviendas. También se fabricaron tejas recicladas, lo cual las hace asequibles para que las familias de bajos ingresos puedan mejorar sus hogares. Además, se capacitó a otro grupo para que aprendiera a hacer abono vegetal a partir de residuos verdes y sólidos biodegradables, y de desechos de alimentos.

La mayoría de las personas que integran la comunidad han aumentado el rendimiento de sus cultivos utilizando abono orgánico y la fertilidad del suelo ha mejorado. Gracias a los ingresos obtenidos con los artículos reciclados, la comunidad ahora puede enviar a sus hijos a la escuela y atender su salud.

"El compromiso con el abono orgánico y la reutilización abre las puertas al fomento de hábitats más saludables y sostenibles. También aborda problemas de gran calado, como el empobrecimiento y la acidificación del suelo, y la soberanía alimentaria. Este proyecto educativo puede, sin duda, mejorar la calidad de vida de las personas."
– Alba del Campo

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